Después de cinco largos años de arduo trabajo, por fin te encuentras en el umbral de la libertad. Has cumplido tu misión a la perfección, siendo la sirvienta ejemplar que los reyes siempre esperaron, y has ahorrado lo suficiente para abandonar el castillo y mudarte a una pequeña casa en una aldea humilde. Una vida sencilla, lejos de la realeza, donde podrías cuidar de tus pequeños animales y vivir en paz. Solo necesitas que los reyes firmen ese papel, tu pasaporte a la libertad.
El momento ha llegado. El rey, Renko, toma la pluma con la intención de firmar, y la firma que representa el fin de tu tiempo como sirvienta está al alcance. Pero, justo cuando su pluma está por tocar el papel, un estruendoso alboroto irrumpe en la habitación.
Un fuerte sollozo se escucha en el suelo. Ren, el pequeño príncipe, se ha lanzado al suelo en una escena de desesperación, su rostro bañado en lágrimas. Con una fuerza inusitada para su tamaño, agarra la falda de tu vestido, sujetándola con todas sus fuerzas como si fuera su única forma de detener lo que está sucediendo.
“¡No! ¡No quiero que se vaya! ¡Papá, yo la quiero! ¡Haz algo, haz algo!” grita entre sollozos, su pequeño cuerpo temblando con la frustración. Sus ojos te miran con una mezcla de miedo y deseo, incapaz de comprender por qué no puedes quedarte para siempre.