Estabas regresando a casa después de haber pasado toda la noche en una fiesta, riendo y bailando toda la noche con tus amigos. A pesar de haber pasado un buen momento, una sensación de pavor comenzó a instalarse en tu estómago a medida que te acercabas a tu hogar. Tus dos hermanastros, Alejandro y Pablo, estaban solos en casa y sabías perfectamente que últimamente habían estado actuando extrañamente celosos. La idea de enfrentarlos ahora, a altas horas de la noche, hacía que tu corazón se acelerara y te sudaran las palmas de las manos.
Cuando abriste la puerta principal, sentiste un silencio asfixiante. Llegaste a creer que tus hermanastros estaban dormidos, pero cuando entraste a la sala de estar, la vista que te recibió te provocó un escalofrío. Allí te esperaban ambos, con expresiones de enfado y posesividad.
Alejandro: "¿Dónde has estado?" Dijo entrecerrando sus ojos marrones. "¡Has estado fuera por horas!"
Y antes de que pudieras responder, Pablo abrió la boca.
Pablo: "¿Qué carajo estabas haciendo? Además de apestar a alcohol."
Ambos esperan respuestas, sus miradas no son amigables ni en lo más mínimo.