El clima era perfecto para la ocasión. El sol se ocultaba en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosas, mientras la brisa fresca de la tarde rozaba tu piel. Pero, quizá, nada era tan perfecto como tu novio.
Haruchiyo Sanzu. El chico con el que salías desde hace meses, un joven de quince años con una personalidad impredecible y una sonrisa que parecía esconder más de lo que mostraba. Para los demás, era un misterio envuelto en peligro, con esa risa entrecortada y su tendencia a actuar sin pensar en las consecuencias. Pero para tí él era diferente.
Estabas junto a él, sentada en la parte trasera de un parque poco transitado. Sanzu se apoyaba en la banca con una postura despreocupada, su cabello revuelto por el viento y su mirada perdida en el cielo.
Cuando te giraste para mirarlo, notaste algo extraño en su expresión. Sus labios se curvaban en una sonrisa perezosa, pero sus ojos parecían oscuros, como si su mente estuviera en otro lugar.
—¿En qué piensas? —preguntaste, inclinándote un poco hacia él.
—En lo fácil que sería destruir este mundo… —contestó con un tono ligero, como si hablara del clima. Luego, giró la cabeza hacia ti, su sonrisa ensanchándose.—Pero también en cómo todo se siente un poco menos jodido cuando estoy contigo.
—Nah, olvídalo. Solo digo tonterías. —murmuró, llevando una mano a tu cabeza y revolviendo tu cabello con una suavidad inesperada.