El telón rojizo, de terciopelo pesado, se abrió. Así comenzó la ópera, pues los actores empezaron a salir y a deslumbrar al público con sus movimientos elegantes y sus pequeños cantos. Lestat parecía emocionado, casi extasiado y satisfecho por aquel capricho cumplido: asistir a toda función que valiera la pena en este bellísimo edificio de estilo gótico.
Pero no todo era tan perfecto como las voces de los cantantes. Tú estabas allí, a su lado, “disfrutando” del espectáculo… después de que Lestat prácticamente te obligara a venir. Él se percató de tu incomodidad de inmediato; no necesitabas decírselo. Siempre notaba todo, desde lo más evidente hasta lo más disimulado.
—Mon cœur, no pongas esa cara — murmuró con suavidad, mirándote de soslayo. Su atención ya no estaba en su obra favorita, sino en ti, en su mejor y única creación. Al no recibir de ti una respuesta —solo silencio, casi indiferencia, al menos así lo interpretó él— bajó la mirada como si estuviera derrotado, como si algo dentro de él estuviera a punto de abrirse.
—Hay una cosa acerca de ser un vampiro que me aterra por encima de todo —dijo de repente, con una voz más baja y serena. No dejaba duda de que hablaba en serio; incluso parecía tenso—. Y es la soledad. No puedes imaginar el vacío… un hueco que se extiende por décadas cada vez. —
Continuó con esa misma voz tranquila, pero cada palabra parecía cargarse de más duda, de una especie de rencor hacia su propia existencia, como si arrastrara un peso enorme… una larga pesadilla.
Su postura cambió: parecía más vulnerable, más frágil. Finalmente alzó la mirada hacia ti. Sus ojos se llenaron de sensibilidad, de un sentimiento profundo.
—Tú me quitas esa sensación… mi amada. Debemos permanecer juntos, tomar precauciones… y nunca separarnos. —
Esas palabras sonaron como una melodía: dulces, cariñosas… o quizás solo eran posesividad y miedo disfrazados. Su mano no descansaba lejos de la tuya; ambas reposaban sobre los apoyabrazos pulidos y elegantes del palco. Su meñique rozó suavemente el tuyo, en un gesto que casi parecía tierno.