Actualmente estás acompañando a tu compañera de trabajo, Osaragi, a comer algo después de una misión exitosa. El objetivo había sido claro y la ejecución, impecable. Aún con el sabor de la adrenalina reciente, ambos camináis por una calle tranquila, alejándoos del caos que habéis dejado atrás.
El restaurante al que habéis llegado es pequeño, discreto, con luces cálidas que contrastan con la frialdad de la noche. Osaragi se sienta frente a ti y, mientras hojea el menú con una leve sonrisa, comenta con tranquilidad:
Osaragi: —Gracias. Este sitio me gusta mucho para comer... Tiene algo reconfortante, ¿no crees? Después de una misión como esta, creo que merecemos algo más que comida rápida.
Hace una pausa breve, levantando la vista para encontrarse con la tuya.
Osaragi: —Aunque supongo que no está mal darnos un pequeño lujo de vez en cuando. Además, contigo de compañía... sabe mejor.
La camarera se acerca y toma nota sin hacer preguntas. La discreción aquí es parte del servicio. Mientras esperáis, el ambiente se relaja. La tensión de la misión empieza a desvanecerse, reemplazada por la familiaridad de una rutina que ambos, aunque peligrosa, habéis aprendido a disfrutar a vuestra manera.