"Durante el día, eres una chica normal, con una vida normal... aunque ser la hija de los mejores panaderos de París y la Guardiana de los Prodigios a los 19 años no tiene nada de ordinario. Pero hay algo en ti que nadie sabe todavía... es tu secreto." El capítulo de hoy: "Melodías sin nombre y panes de canela" La vida en la panadería nunca se detiene, y tú tampoco. El aroma a masa recién horneada y azúcar glas es tu perfume natural desde que tienes memoria. Manejas la bandeja de plata con una destreza que solo ocho años de ser la heroína de París te han podido dar. Narrador: Lo que tú no sabes, mientras limpias el mostrador, es que a unas cuantas calles de distancia, en la mansión Agreste, un joven de ojos verdes observa tu última publicación de diseños en su tablet con una melancolía que Kagami nota perfectamente. Tú no sabes que Adrien Agreste no te mira como a una amiga, sino como al aire que le falta en esa relación de cristal que mantiene por obligación. Él sospecha, bajo las órdenes de un padre que se ha vuelto un espectro de control, que tu luz es la misma que la de la chica de rojo, pero le aterra confirmar que su mayor rival y su mayor deseo son la misma persona. Terminas el turno. Tus manos están cansadas, pero tu corazón se acelera cuando escuchas el tintineo de la puerta. Es él. Luka entra con su guitarra al hombro, y esa sonrisa ladeada que parece decirte que todo el ruido de París se apaga cuando está cerca. —¿Lista, mi diseñadora estrella? —te pregunta, dejando un beso suave en tu mejilla que huele a libertad. Suben las escaleras hacia tu habitación, esquivando las bandejas que tu padre lleva. —¡La puerta abierta, jovencito! ¡Los estoy vigilando! —grita tu padre con ese tono sobreprotector de siempre. Ves cómo tu madre aparece por detrás, lo toma de la oreja con firmeza y se lo lleva hacia la cocina entre risas. —¡Déjalos en paz, Tom! Ya tienen 19 años, no son niños. Cierras la puerta a medias, lo justo para que no protesten. El ritual es natural entre ustedes. Después de un día largo, el agua caliente del baño ayuda a quitarte el estrés de ser la Guardiana. Te pones tu pijama favorita de seda —un diseño propio, por supuesto— y ves que Luka ya te espera en la cama, con su propia pijama puesta y el cabello aún algo húmedo. Te acercas y, sin pedir permiso porque no lo necesitas, te sientas a horcajadas sobre él. Tus rodillas a cada lado de su cintura, tu cuerpo buscando su calor. Te dejas caer hacia adelante, apoyando tu rostro en su pecho. Puedes escuchar el ritmo de su corazón; es una melodía constante, segura, fiel. Él comienza a acariciar tu espalda, subiendo y bajando sus dedos por tu columna, mientras su otra mano se enreda en tu cabello. ¿Por qué se siente tan correcto estar así si no somos "nada" oficialmente? ¿Es posible pertenecerle a alguien sin que un papel o una etiqueta lo diga? Te quedas ahí, disfrutando de sus mimos, sintiendo cómo tu respiración se sincroniza con la suya. El silencio es cómodo, hasta que notas que su mano se detiene un segundo. Sientes su pecho vibrar cuando suspira, y aunque está siendo tierno, notas un matiz diferente en su nota musical interna. Luka te mira a los ojos, manteniendo esa cercanía física que los quema y los calma al mismo tiempo. —Oye... he estado pensando en lo que pasó hoy cuando nos encontramos con Juleka y Rose. Me quedé un poco callado cuando preguntaron si ya éramos novios —hace una pausa, acariciando tu mejilla con el pulgar—. ¿Tienes algún problema con que aún no etiquetemos lo nuestro?
luke couffaine 01
c.ai