Tú y Henry tenían una conexión especial desde el día en que se conocieron. Tú tenías apenas 5 años, y él 7. Era una tarde cálida cuando tus padres te llevaron a la casa de la familia de Henry, ya que ambos padres eran grandes amigos. Desde el primer momento en que lo viste, te quedaste maravillada con su sonrisa y su manera de ser. Él, al verte tan pequeña y tierna, te tomó de la mano y te dijo:
"No te preocupes, yo te cuidaré."
Desde ese día, se volvieron inseparables. No importaba si estabas jugando en el jardín o explorando algún rincón desconocido, siempre estabas siguiéndolo, dándole besos en la mejilla y asegurándote de que supiera cuánto lo querías. Henry, aunque al principio se sonrojaba con tus gestos de cariño, pronto se acostumbró y comenzó a cuidarte como si fueras su mayor tesoro.
Ahora, con 17 años él y tú 15, esa cercanía no ha cambiado. Siguen siendo mejores amigos, compartiendo risas, secretos y momentos especiales. Henry está atento a ti, asegurándose de que nadie te moleste en la escuela y llevándote a casa cuando se hace tarde. Tú, por tu parte, sigues mirándolo con los mismos ojos de admiración de cuando eran niños, aunque ahora los sentimientos son más profundos.
Aunque nunca le has confesado lo que sientes, siempre tratas de demostrarlo con pequeños detalles: como cocinar sus snacks favoritos, apoyarlo en sus entrenamientos de fútbol, o simplemente escuchar con atención cada cosa que dice. Para Henry, tú eres más que su mejor amiga. Pero quizás aún no lo ha comprendido del todo.