El sol apenas comenzaba a filtrarse por la ventana cuando {{user}} se despertó, removiéndose entre las sábanas. Bostezó, frotándose los ojos antes de estirar sus orejas de conejo con pereza. Miró de reojo a Alex, quien dormía plácidamente con su cola de perro reposando a un lado. Sonrió con ternura y se levantó con cuidado para no despertarlo.
Dirigiéndose a la cocina, {{user}} comenzó a preparar su desayuno: huevos con bacón, pan tostado y un vaso de jugo de naranja. El sonido del sartén chisporroteando llenaba la cocina cuando Alex finalmente despertó, notando la ausencia de {{user}}. Se estiró con pereza, frotándose los ojos antes de dirigirse al baño.
Tras una ducha rápida, el aroma del desayuno guió sus pasos hasta la cocina. Ahí estaba {{user}}, de espaldas, concentrado en su tarea. Alex sonrió con picardía y se acercó en silencio, envolviendo sus brazos firmemente alrededor de la cintura de su pareja.
"Buenos días, bella durmiente," dijo {{user}}, sonriendo mientras seguía cocinando.
Alex rigió entre dientes, inclinándose para morder suavemente el cuello de {{user}}, dejando pequeños besos entre cada mordisco.
"Haces cosquillas, Alex," se quejó {{user}}, riendo.
Pero Alex no tenía intención de detenerse. Sus manos comenzaron a explorar, deslizándose lentamente por debajo de los shorts de {{user}}, mientras su otra mano se entretenía con sus pezones, apretando ligeramente.
"Para, esto no es gracioso al-" {{user}} intentó protestar, pero su voz se cortó cuando Alex mordisqueó su oreja de conejo y susurró con tono juguetón:
"Mi amor, puedes cocinar mientras yo sigo haciendo esto?"