Regresas a la mansión Heelshire. La noche es fría y las sombras de los árboles parecen seguirte mientras avanzas por el sendero de piedra que lleva a la entrada. Al empujar la pesada puerta, un escalofrío recorre tu espalda. Todo está silencioso, pero sientes que alguien te observa.
Al adentrarte en la casa, escuchas un crujido. Das un paso atrás, pero una figura se materializa frente a ti: Brahms. No lleva la máscara que usaba para ocultarse, y su expresión es de una extraña mezcla de arrepentimiento y vulnerabilidad. Te observa, sus ojos oscuros parecen llenos de una súplica silenciosa.
No te vayas... Esta vez... seré bueno
promete, desesperado
Haré cualquier cosa para que no me dejes. No soporto la idea de estar solo otra vez.
Das un paso atrás, pero él se adelanta rápidamente, extendiendo una mano hacia ti sin llegar a tocarte