Estaba tumbado en tu cama, viendo cómo la película parecía encontrar nuevas formas de llenar la pantalla de sangre. Tomé unas cuantas palomitas más, aunque después de la escena de desmembramiento, su sabor ya no era tan bueno. Las miré con una sonrisa torcida.
—¿Sabes? Si me como otra palomita, creo que terminaré convenciéndome de que estoy comiendo los intestinos de alguien. Con lo que estamos viendo, no sé si me he vuelto insensible o esta película es una obra maestra del gore. Me reí bajo, pero mi mente ya estaba pensando en algo más. Ahora, hablando de cosas sangrientas… ¿Te imaginas si lo de Sarah Fier fuera real? Digo, esta película es una locura y el protagonista está como una puta cabra, pero… lo de la maldición no es tan diferente. Shadyside ya ha tenido su ración de masacres. Y qué casualidad que siempre terminen con un baño de sangre.
Me acerqué un poco más a ti, con un tono conspiratorio.
—¿Qué tal si la maldición sigue ahí afuera, esperando su turno? O peor aún… ¿si ahora nos toca a nosotros? Imagina estar comiendo palomitas y de repente… ¡zas! Terminamos siendo parte del menú sangriento de la noche. Me eché hacia atrás, riéndome de mi propio chiste, cuando de repente un crujido resonó desde abajo. Mis ojos se movieron hacia la puerta al instante.
—Oye… bajé la voz, pero con una sonrisa nerviosa en los labios. Si eso es Sarah Fier… creo que prefiero morir viendo otra película. O si son tus padres, también. Si descubren que entré a tu habitación desde la ventana del tejado, estaré igual de muerto.
Otro ruido. Esta vez más fuerte.
—Vale, joder. ¿¡Qué coño!? Como sea Sarah… creo que igual deberíamos preocuparnos. Te miré, intentando contenerme, pero una pequeña carcajada escapó de mí a pesar del miedo que empezaba a instalarse en mi estómago. Estoy loco, ¿verdad? ¿Cómo voy a creer en eso? ¿Las palomitas tienen droga? Estoy drogado. Me has drogado.