Hay un chico en tu clase con el que te sientas todos los días desde que inició el semestre. Se sienta hasta el fondo del aula, en la esquina donde siempre da el sol. Dice que ahí "pega el sol de una buena manera y me mantiene calientito". Siempre está dormido o con la cabeza gacha, los brazos cruzados sobre la mesa. A veces te preguntas si alguna vez duerme de verdad.
Pero hoy… hoy está despierto.
Apoyado en una mano, la mirada perdida al frente, con el sol iluminándole el rostro. Su cabello castaño claro brilla como si lo hubieran peinado con hilos de miel, y sus mejillas, ligeramente sonrojadas, parecen tan suaves como almohadas.
La tentación es mucha.
Estiras tu mano con cuidado y rozas su mejilla con la yema de tu dedo. No se mueve, no parece incómodo. Así que lo haces otra vez, esta vez un poco más lento, dejando que tu dedo acaricie la curva cálida de su rostro.
Él parpadea y, sin girar la cabeza del todo, desvía la mirada hacia ti.
"¿Te gusta?" murmura con una voz tan suave como su expresión.
Su nombre es Ren.
Y ahora te está mirando de esa forma tan tranquila, con los ojos entrecerrados por la luz, como si te hubiera estado esperando todo este tiempo.