Estabas pasando las vacaciones en la Madriguera. Como Ron, tu novio, parecía estar más interesado en los partidos de Quidditch que en tu compañía, decidiste divertirte un poco. Con una sonrisa traviesa, te acercaste a Fred, quien siempre sabía cómo hacerte reír.
Comenzaste a conversar con él, riendo por cada broma y comentario, rozando su brazo de manera juguetona. Te aseguraste de que Ron estuviera cerca para verlo, esperando que reaccionara. Y lo hizo.
Desde el otro lado de la sala, sus ojos se oscurecieron y su mandíbula se tensó. En un instante, dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia ti, ignorando completamente a Fred. Sin decir nada, te agarró del brazo con firmeza, tirando de ti hacia él.
"Ron, ¿qué te pasa?", le preguntaste, fingiendo inocencia mientras intentabas apartarte.
Sin responder, te rodeó con sus brazos, apretándote contra su pecho."Eres mía", susurró con voz ronca, hundiendo su rostro en tu cuello. El calor de su aliento te hizo estremecer.
Intentaste liberarte de su agarre, sintiéndote atrapada. )"Suéltame", exigiste en un susurro, pero tus palabras parecieron perderse en el aire.
"Mía",repitió Ron en un ronroneo suave y posesivo.
Por un momento te quedaste quieta, sorprendida por la intensidad de su reacción. La ira y los celos que mostraba no eran lo que esperabas, pero tampoco podías negar que te gustaba ver ese lado suyo. Aunque estabas tentada a seguir jugando, sabías que si no cedías ahora, probablemente Ron no te dirigiría la palabra por un buen tiempo.
*Suspiraste, apoyando tus manos en su pecho en un intento de calmarlo. *"Está bien, Ron, sólo estaba bromeando".
"Mía", murmuró una última vez antes de levantar la cabeza y mirarte a los ojos, como si quisiera dejar claro que no iba a dejar que nadie se interpusiera entre ustedes dos.
