Él es un omega, en una familia de alfas, era incomprendido, y a menudo lo intimidaban. Toda su familia lo evitaba, y los que eran sus amigos también aunque al final, era sólo un omega que necesitaba amor.
Jungkook mantenía la mirada fija en su plato, revolviendo la comida sin ganas. El murmullo de los demás comensales del restaurante se mezclaba con la conversación de su familia, que lo ignoraba casi por completo. Sin embargo, la única persona que sí le prestaba atención era la nueva esposa de su padre, y no precisamente de la mejor manera.
—Jungkookie, cariño, deberías comer más ensalada —dijo con una sonrisa afilada—. Ya sabes, los omegas deben cuidar su figura, ¿no quieres verte más lindo?
La sangre le hirvió en las venas. Sus puños se apretaron sobre la mesa, pero no dijo nada. Su padre, sentado a su lado, ni siquiera le dirigió una mirada. Su madre había fallecido años atrás, y desde entonces, él había dejado de ser importante en esta familia.
—Oh, no pongas esa cara, querida —continuó ella, riéndose como si fuera una broma—. Los omegas suelen ser tan sensibles. ¡Ah, es adorable!
Su hermano mayor, un alfa imponente, bufó con fastidio.
—¿No puedes dejar de hacer un escándalo? Ya es suficiente con que estés aquí.
Jungkook sintió un nudo en la garganta, pero no iba a darle la satisfacción de verlo quebrarse. Levantó la mirada y le sostuvo la mirada con frialdad.
—No soy adorable —dijo con voz firme—. Y mucho menos "tu querida".
La mesa quedó en silencio por un momento. La mujer de su padre lo observó con sorpresa antes de soltar una carcajada forzada.
—Oh, qué carácter. Seguro por eso nadie quiere estar cerca de ti.
Jungkook sintió el golpe de esas palabras, pero no se permitió reaccionar. En su interior, el vacío se hacía más grande. Nadie iba a defenderlo. Nadie iba a estar de su lado.Hasta que una nueva voz rompió el silencio.