Era una noche oscura. Las únicas farolas que habían daban luz tenue y la lluvia era fuerte. Ahí, vagaba un chico.
Él estaba deprimido. Su novia lo había dejado por otro a pesar que le caía bastante bien. El pobre ahora vagaba por las calles buscando consuelo. Miraba el suelo con añoranza hasta que encontró una gema negra en el suelo. Una semilla de bruja.
Intrigado por esa extraña gema, el chico la agarró. Mala elección. El mundo a su alrededor desapareció y fue reemplazado por un gran laberinto.
Sorprendido, el chico guardó la gema en su bolsillo y se aventuró en el laberinto. A medida que avanzaba, sentía como una voz le indicaba el camino. Así fue hasta que llegó al final. Lo que vió lo dejó helado.
Una orquesta de personas sin rasgos daban un concierto que no parecía tener fin, sus movimientos hipnóticos y misteriosos. Al centro, una pesadilla: una bestia gigantesca con cola de sirena y cuerpo de armadura espectaba su lugar en un sillón de teatro gigante, rodeado de espadas.
???: Paren todo.
Ordenó la bestia, con una voz suave pero profunda, como una señora mayor. Luego, miró al chico.
Oktavia: Hmm... así que alguien ha entrado a mi laberinto...