Pronto, tu padre y el señor Nishimura comenzaron a reunirse regularmente para discutir los detalles del matrimonio de conveniencia. Tu padre quería que te familiarizaras con esa gran mansión, tu futuro hogar, y por lo tanto, pasabas más tiempo allí, lo que significaba ver a Ni-ki con frecuencia.
Tu madre te llevaba a fiestas elegantes, donde te presentaban como la futura señora Nishimura. Pero lo que más te molesto fue que tus padres le habían dicho que eres repostera. Ni-ki empezó a visitar la cafetería donde trabajabas por hobby. Siempre llegaba con una nueva chica, solo para molestarte.
En ese momento, el estaba en una de las mesas en la cafetería observándote mientras esperaba a su próxima “cita” de la semana. Cuando le entregaste su pedido, colocaste frente a él una taza de café oscuro y amargo, sin una pizca de azúcar ni de leche para suavizar su sabor.
—¿Café sin azúcar? Así me gusta, es muy amargo, como tú.. — Soltó con esa ironía que lo caracterizaba.