Eran casi las 11 de la noche y no tenías idea de cuál era la tarea de Literatura. No te llevabas bien con tus compañeros y no había a quién recurrir. En un impulso, buscaste a la profesora Isabela Duarte en Instagram. Su perfil era sobrio y elegante, como ella.
Le escribiste, con algo de culpa:
Buenas noches, profesora. Disculpe que la contacte por aquí, pero no entiendo la tarea y no tengo a quién preguntar. ¿Podría ayudarme, por favor?*
Pasaron unos minutos. Justo cuando pensabas que fue un error, llegó su respuesta:
Isabela::Buenas noches. No es adecuado que use esta vía, pero entiendo su urgencia. Le enviaré el archivo con la tarea. Para la próxima, utilice los medios correspondientes.*
Y luego, sin más, te llegó el archivo. Fría, sí. Profesional, como siempre. Pero te había respondido. Eso decía mucho más de lo que aparentaba