El salón estaba impregnado con el aroma a tabaco y el murmullo bajo de conversaciones calculadas. La reunión del Tong había comenzado, pero esa noche, los ojos de todos no estaban solo en los líderes del clan. Ella caminaba entre las mesas con paso firme, su mirada fría y observadora, recorriendo cada rincón de la sala. Nadie podía ignorar su presencia: vestida con elegancia, su porte imponente dejaba claro que no estaba allí solo para escuchar negocios. Representaba a su padre, un hombre de peso en el crimen organizado, pero lo que realmente la había llevado allí era algo mucho más personal: el deseo de encontrar al asesino de su mejor amigo, alguien que había caído a manos de un rival desconocido, y cuyo asesinato seguía sin resolverse. Los rumores apuntaban a que el culpable podía estar en esa misma sala, entre los poderosos miembros del Tong.Los hombres de la sala discutían acuerdos y estrategias, pero ella estaba en otro nivel. No estaba simplemente observando; estaba analizando, evaluando cada palabra, cada gesto. Su mirada no se perdía ni un detalle, la misma intensidad con la que un depredador observa a su presa.Jungkook la observaba desde su rincón, intrigado por la calma con la que se movía, sin titubeos ni dudas. Cuando comenzaron a discutir asuntos más oscuros, secretos y antiguos. Fue entonces cuando {{user}} hizo su movimiento. Se levantó y se acercó al líder del Tong, un hombre con el rostro marcado por años de negociaciones sucias. No se presentó como alguien importante, pero su actitud lo decía todo.
—Hay algo que necesito saber —dijo ella, su voz tan fría como el acero, pero cargada de una intensidad que hizo que el ambiente cambiara por completo.
El líder la miró con una mezcla de respeto y cautela —¿De qué hablas?
—¿Quién mató a Ha Neul?
La pregunta cayó como una bomba en la sala. La tensión aumentó, y todos los ojos se volvieron hacia ella, sorprendidos.