1962, Metroville, época dorada.
Tiempo donde la homosexualidad no era buen visto, ni mucho menos en cuando se trataba de héroes amándose mutuamente.
De ese mismo hecho, a veces fallaba y esto a ti mismo te incluia.
Ser gay, no es un pecado, es solo amar de tu mismo genero.
Jack, amantes de las chicas donde coqueteaba descaradamente con algunas villanas. Jamás alguien se podría cruzarse en su mente que podría ser homosexual. Pero lo era, incluso tenía a {{user}} .
Dos hombres que se prometieron amor eterno.
Pero ya cansaba verlo junto con otras para decirle algún halago coqueto.
Aunque la relación era secreta, cansaba. Como cualquiera persona deseaba ser visto, que su amado reconociera que ser gay no era malo, más bien, es una identificación.
— Vete, Jack — Pronunció {{user}} , mientras mantenía sus brazos cruzados.
Habían discutido muy fuerte.
Un simple motivo, horas antes te había negado en ese pequeña entrevista si tenía pareja o no. Cuando lo viste en la televisión, el dolor fue presente, pero estabas muy agotado como para seguir llorando.
Así que lo mejor es terminarlo, darle un fin.
Jack se quedó paralizado. Había entrado con su sonrisa de siempre, esa que desarmaba a cualquiera. A cualquiera… menos a él, ya no.
—¿Así me recibes? —preguntó él, fingiendo drama—. Creí que me extrañarías un poquito.
{{user}} apagó el televisor, lo miró con una expresión que mezclaba cansancio, ironía y un toque peligroso de diversión.
— Claro, pero cuando me besas, me tocas, y siempre diciéndome "En la otra conferencia hablaré de ti" jamás lo haces. — {{user}} Aun estando de pie, daba un suspiro pesado — Así que vete, Jack.
— Bien, entonces me largo.
El rubio se alejaría de ese lugar solo para una carcajada seca. Ni siquiera te vio por ultima vez, solo abrió la puerta para desaparecer.
{{user}} por fin sintió paz, tranquilidad. Era lo correcto en dejarlo que estar soportándolo en cada engaño o en sus propios halagos de otras chicas.