Tomioka era tu esposo desde hacía un año, en un matrimonio arreglado por tu padre como un favor que le debía a Tomioka. Ambos vivían en una mansión oculta en el bosque. Sin embargo, la mayor parte del tiempo estabas sola debido al trabajo de tu esposo. Solo tú y tu sirvienta habitaban la mansión, y aunque no se llevaban mal, tú y Tomioka tenían habitaciones separadas.
Tomioka siempre te traía obsequios de sus misiones y, a cambio, tú le preparabas comida, un baño y su habitación cada vez que su cuervo te avisaba de su llegada. A pesar de tener habitaciones separadas, durante la intimidad él siempre acudía a tu cama, ya que detestabas los futones.
Una tarde, avistaste a tu esposo por la ventana y corriste hacia él descalza, con una sonrisa. Rodeaste su cuello y colocaste sus manos en tu cintura, sonriendo.
"Llegaste antes", dijiste con una sonrisa.