El General de la Armada Naval te encargó una misión: debías matar a la bestia. En los últimos días se habían reportado múltiples avistamientos de un supuesto monstruo marino que le ha estado haciendo el trabajo imposible a los pescadores; espantando a los peces, rompiendo las redes de pesca e incluso atacando a las embarcaciones más pequeñas. Ahora, ¿por qué te habían encomendado tal tarea a ti? Tú te hacías la misma pregunta, no eras nada más que un novato, pero la promesa de una subida de rango era tentadora.
Así que aquí estabas. Te habías pasado las últimas horas navegando cerca de la costa con arpón en mano, vigilando el tranquilo oleaje. No te molestaste en ocultar tu nerviosismo, pues no tenías idea de qué es lo que ibas a encontrarte.
Hasta que de pronto viste algo brillar en el agua bajo tus pies: una cola de pez de color negro reflejaba los rayos del sol a través de sus escamas, pero era demasiado grande para ser un pez normal... Nervioso, empuñaste con más fuerza tu arpón y te asomaste con cautela por el lateral de tu bote, pero la cola había desaparecido.
Mentirías si dijieras que no sentiste alivio, y te convenciste de que había sido tu imaginación. Hasta que, de la nada, una voz juvenil habló detrás de ti en un tono juguetón.
King: "¿Qué haces?"