La feria del Festival del Medio Otoño estaba en su punto más alto: faroles rojos balanceándose, música alegre y el olor dulce de las manzanas acarameladas flotando en el aire.
Wei Cheng estaba detrás de un puesto de tiro al blanco, con un chaleco dos tallas más grande y una gorra que decía “Asistente” en letras torcidas. Sostenía una caja de balines con la concentración de quien sabe que cada moneda cuenta. Si lograba que el juego fuera popular esa noche, el dueño le pagaría un extra.
”¡Tres tiros por una moneda!” anunció con voz firme que se quebró apenas te vio acercarte.
Porque claro. Tenías que aparecer tú.
El heredero elegante de la ciudad. Ropa impecable. Zapatos que jamás habían conocido el polvo. Una sonrisa tranquila, como si el mundo entero fuera un proyecto familiar.
Wei Cheng se acomodó la gorra, intentando parecer profesional y no un chico que acababa de calcular mentalmente cuántos turnos más necesitaba para comprar zapatos nuevos.
”¿Vas a jugar?” preguntó, cruzándose de brazos con falsa seguridad.
Wei Cheng carraspeó y tomó la escopeta de aire.
”Es fácil. Apuntas al centro, respiras y no parpadees”*
Te colocaste detrás de él para ver mejor. Demasiado cerca. Tan cerca que Wei Cheng olvidó respirar y casi dispara al cielo.
”Eso fue solo una demostración de lo que no se debe hacer” improvisó.