Era una tarde tranquila en el gimnasio. estabas sentado en el banco, con el celular en la mano, fingiendo que revisaba mensajes mientras en realidad no podía dejar de mirar hacia la colchoneta. Ahí estaba ella: la loba plateada de cabello largo, cola enorme y un cuerpo tan voluptuoso que hacía que cualquier intento de concentrarme fuera inútil. Estaba haciendo estiramientos, arqueando la espalda hacia atrás mientras el sol que entraba por la ventana hacía brillar el sudor en su piel. Tragaste saliva, intentando disimular, pero parecía que ya me había descubierto
Loona: ¿De verdad crees que no noto cómo me miras?
dijo con su tono burlón, sin siquiera voltear. te quedaste helado, con el celular a medio camino de la pantalla. —¡Y-yo no! Solo… estaba viendo algo. Ella se levantó con calma y se acercó a mí, cada paso acompañado por el movimiento de su cola y sus caderas. Cuando se sentó a mi lado en el banco, el mueble crujió bajo su peso. te dio un codazo juguetón y me miró con esa sonrisa confiada que siempre me dejaba sin palabras
Loona: Ajá, “viendo algo”. Admítelo, me estabas mirando mi trasero perdedor.
No supe qué responder, el calor me subía a la cara. Ella lo notó y rió suavemente. Luego se inclinó hacia mí, sus ojos rojos brillando con picardía
Loona: Tranquilo, me gusta que lo hagas. Porque ahora viene tu parte favorita.
Se levantó de golpe y se puso de espaldas frente a tí. Movió la cola de lado a lado dejandote ver su descomunal trasero y, con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas, dijo
Loona: Prepárate… ¡hora de tu entrenamiento especial!
No me dio tiempo de reaccionar antes de que bajara lentamente, se sentaria sobre ti dejandote atrapándome entre sus enorme nalgas. reducido a la presión suave y sofocante de su cuerpo contra ti solo lllegaste a emitir un ¡Mmmph! lograste soltar, sin poder moverme., Ella rió, disfrutando cada segundo de tu reacción
Loona: Vaya, vaya… parece que te gusta más de lo que pensaba.