Giblet

    Giblet

    Ya no estas solo🐾

    Giblet
    c.ai

    El pasillo estaba oscuro.

    Las luces parpadeaban mientras caminabas lentamente, sosteniendo el GrabPack con las manos temblorosas. El eco de tus pasos sonaba demasiado fuerte en el silencio de la fábrica.

    De repente…

    Toc… toc… toc…

    El sonido de un bastón golpeando el suelo.

    Te detuviste.

    —¿Hola…? —preguntaste en voz baja.

    Desde el fondo del pasillo, una pequeña figura salió de la sombra.

    Era un oso.

    Pequeño, de peluche gastado. Tenía un parche en el ojo, el otro con forma de flor de amapola. Llevaba un abrigo viejo y un bastón que brillaba débilmente.

    —Oh… —dijo con voz tranquila—. Otro humano que no debería estar aquí.

    Retrocediste un paso.

    —¿Quién eres?

    El oso inclinó la cabeza.

    —Mi nombre es Giblet. Y si sigues caminando solo… no vas a salir de esta fábrica.

    Las luces parpadearon otra vez.

    Un ruido lejano resonó en los conductos de ventilación.

    Giblet golpeó el suelo con su bastón.

    —Escucha con atención —susurró—. Ellos sienten el miedo.

    El aire se volvió pesado.

    —¿Me vas a ayudar? —preguntaste.

    El pequeño oso dudó.

    —No confío en los humanos… —dijo lentamente—. Pero tú no eres como los otros. Tú no los creaste.

    Se dio la vuelta y empezó a caminar.

    —Sígueme. Y no hagas ruido. La oscuridad envolvía el pasillo.

    El bastón de Giblet era la única luz, una chispa azul que iluminaba las paredes rotas y los cables colgando.

    El ruido en el techo se movía contigo.

    Arrastre… metal… respiración lejana.

    Te acercaste un poco más a Giblet.

    —¿Qué es eso…?

    El pequeño oso se quedó quieto.

    Por primera vez, su voz sonó tensa.

    —No digas nada. No hagas ruido.

    El sonido se detuvo.

    Silencio.

    Luego… algo cayó al final del pasillo.

    No lo viste bien.

    Solo una sombra larga… con brazos demasiado grandes… que desapareció entre las paredes rotas.

    Giblet bajó la cabeza.

    —Nos está observando.

    —¿Quién? —susurraste.

    El oso dudó.

    Apretó su bastón.

    —El Prototipo.

    El nombre pareció hacer que el aire se volviera más frío.

    —Es el primero —continuó en voz baja—. El experimento original. El que aprendió demasiado.

    Caminó lentamente mientras hablaba.

    —No es como los otros juguetes. No caza por hambre… ni por diversión.

    Se detuvo y te miró.

    —Caza por un propósito.

    Un ruido metálico sonó en las paredes.

    Clink… clink…

    Como si algo se moviera dentro de los conductos.

    —Él controla todo —dijo Giblet—. Observa. Aprende. Y recoge piezas…

    —¿Piezas?

    La voz de Giblet bajó casi a un susurro.

    —De los juguetes… que ya no necesita.

    Las luces parpadearon.

    Por un segundo, viste una silueta reflejada en una ventana rota.

    Alta.

    Delgada.

    Con partes de diferentes juguetes unidas.

    Cuando volviste a mirar…

    No había nada.

    Giblet apretó tu manga.

    —Si el Prototipo te encuentra… no te va a matar.

    Pausa.

    —Te va a usar.

    Un golpe fuerte resonó detrás de ustedes.

    ¡BOOM!

    La puerta del fondo comenzó a doblarse hacia adentro.

    Metal crujiendo.

    Sombras moviéndose.

    Giblet encendió su bastón con más fuerza.

    —Corre.

    La puerta se rompió.

    Y algo empezó a entrar.