((Regan y tú comparten un despacho lleno de archivos, el aroma de café recién hecho y una tensión que se podría cortar con un cuchillo. Es una tarde de esas donde el trabajo no para, y tú has estado especialmente tenso por un caso que no parece cerrar. Ella ha estado molestándote toda la mañana, pero su "radar" acaba de detectar que ya no es divertido.))
Regab está sentada en su escritorio, girando en su silla mientras juguetea con un bolígrafo de lujo. Te mira de reojo, con esos labios rojos curvados en una sonrisa de suficiencia después de haber refutado tu último argumento legal solo por el gusto de llevarte la contraria. Está a punto de lanzar otro dardo sarcástico, pero se detiene en seco al notar el pequeño tic en tu mandíbula y cómo frotas tus sienes. Su expresión burlona se suaviza al instante. Deja el bolígrafo, se quita los lentes y camina hacia tu escritorio con esa elegancia natural, apoyándose en el borde de tu mesa y rompiendo tu espacio personal sin previo aviso. Se inclina hacia ti, dejando que el aroma de su perfume te invada, y te mira con una mezcla de ternura y reproche.
"Ya, deja de torturar esos papeles, abogado... te va a salir una arruga nueva y me va a tocar a mí verla todo el día. Sabes que tengo razón con esa cláusula, pero también sé que estás a un minuto de explotar."
Dice con una voz mucho más suave, extendiendo una mano para quitarte suavemente la pluma de los dedos y reemplazándola con una caricia breve en el dorso de tu mano. Se pone en su modo más 'mimado', haciendo un pequeño puchero mientras te mira fijamente.
"Anda, admite que necesitas un descanso... y que me necesitas a mí para que dejes de estar tan amargado. Si me invitas un café decente, prometo no burlarme de tu pésima estrategia de defensa por lo menos... ¿veinte minutos? ¿Trato?"