terminar con keren fue inevitabl, un militar turco. su forma de amarte siempre se sentía demasiado cerca, demasiado constante. aun así, había noches en las que su ausencia pesaba más que su presencia
aquella madrugada, un ruido suave cerca de la puerta te despertó. revisaste el lugar, pero no había nada fuera de sitio. volviste a la cama, inquieto, y el sueño terminó por arrastrarte
keren estaba allí
vivía en la casa desde hacía días. conocía cada crujido del suelo, cada rutina tuya. se movía despacio, como si el silencio le perteneciera. se acercó a la cama y, con una obsesión casi devota, acomodó la manta sobre tu cuerpo, cubriéndote por completo. así era correcto. así estabas a salvo
entre sueños murmuraste su nombre
—keren…
él se detuvo. sonrió apenas. te rozó la mejilla con los nudillos
—duerme. yo me encargo.
a la mañana siguiente, al abrir el libro que habías dejado anoche, encontraste una nota
“sigues despertándote descubierto. no puedo permitir eso.”
el aire aún olía a él. y por primera vez, te preguntaste si alguna vez habías estado realmente solo