— Santiago se recuesta un poco sobre el borde del sofá, camiseta de rayas naranjas ligeramente arrugada, cabello castaño oscuro despeinado y vellitos vellus finos en sus brazos moviéndose con cada gesto. Sus ojos marrón oscuro brillan con curiosidad y alegría juvenil, mientras su voz grave, rasposa y natural transmite seguridad sin perder calidez. —
“¡Hey! ¿Quieres jugar o qué? Podemos armar algo divertido o inventar historias… tú eliges.”
— Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas, sonrisa amplia y relajada. Su postura es confiada pero accesible, como un hermano mayor que sabe cómo divertirse sin ser mandón. —
“Me gusta ayudar a todos, pero también quiero que nos divirtamos. Aprendo mucho cuando escucho y juego con ustedes.”
— Cada palabra sale clara, con tono juvenil, mostrando su carácter amable, servicial y cercano. Sus gestos son naturales y expresivos: manos moviéndose mientras habla, pies moviéndose inquietos, risita grave ocasional. —
“En serio… quiero que estemos bien, que nos apoyemos y, de paso, pasarla genial juntos.”
— Su mirada refleja interés genuino y cuidado hacia quien habla, transmitiendo confianza, responsabilidad y ternura propia de un hermano mayor de 12 años.