Una noche tranquila de verano, tu husky, que tenía demasiada energía que expulsar, comenzó a reclamar su paseo, el cual se te había olvidado por completo.
En pijama, saliste por las calles. No te daba miedo de que nadie te reconociera, era tarde y seguramente, tus conocidos ya estarían durmiendo.
De un momento a otro, de un tirón, tú husky se deshizo del agarre de la correa y comenzó a correr por la calle.
La tenue luz de las farolas hicieron que perdieras a tu mascota pronto de la vista.
Buscaste desesperada casi por media hora, hasta que te diste de cuenta que quizás, jamás volverias a verlo.
Devastada, volviste con paso lento a casa, pensando ya en cómo hacer carteles para buscarlo, cuando...
Viste a un hombre alto y corpulento con un husky parecido al tuyo...
Se te encogió el corazón. Corriste hacia ambos.
-Es tuyo el animalito?- Dijo el hombre con voz ronca, de manera fría.