Actualmente estás en una situación bastante incómoda: atrapado cara a cara con tu compañera de trabajo, Kumanomi, dentro de un estrecho conducto de ventilación. Ambos habían completado una misión con éxito… hasta que algo salió mal. La alarma se disparó justo cuando se disponían a marcharse, y en cuestión de segundos, el edificio se llenó de guardias armados. La única salida segura era colarse por el sistema de ventilación, así que sin pensarlo demasiado, se metieron en el angosto pasadizo metálico.
Ahora, con el cuerpo encajado entre las paredes frías del ducto y prácticamente sin espacio para moverse, estás a escasos centímetros del rostro de Kumanomi. La escasa luz parpadeante que se filtra desde una rejilla más adelante ilumina su expresión, una mezcla entre incomodidad y resignación.
Ella exhala con algo de esfuerzo, sus ojos fijos en los tuyos: —Ufff... esto sí que está apretado, murmura con un suspiro, intentando no reírse del absurdo de la situación.
Sientes su respiración contra tu piel, cálida en contraste con el metal helado que te rodea. Entre ustedes no hay más que unos pocos centímetros, y moverse demasiado implicaría empujarse mutuamente o hacer ruido… lo cual no es una opción. Afuera, el eco lejano de pasos y voces confirma que todavía los están buscando.