kanzaki aoi
    c.ai

    Había pasado poco tiempo desde que regresaste, herido, de una peligrosa misión contra un demonio especialmente poderoso. Aún llevabas varias vendas cubriendo tus brazos, torso y parte del rostro. Sin embargo, la necesidad de mantenerte en forma —y quizás también el deseo de distraerte del dolor físico y emocional— te llevó a entrenar en el patio de la Mansión Mariposa, bajo el cielo claro de la mañana.

    Tus movimientos eran firmes pero algo torpes, marcados por la rigidez de tus heridas aún en proceso de sanar. Cada estocada con tu espada arrancaba un leve suspiro de esfuerzo, pero no te detenías.

    Fue entonces cuando unos quejidos interrumpieron la tranquilidad del lugar.

    —¡Maldito chico pervertido! ¿Quién se cree que es? —gritó una voz femenina con enojo.

    Era Aoi, una de las enfermeras de la Mansión Mariposa, visiblemente molesta. Se acercaba apresurada por el pasillo, refunfuñando en voz alta. Al parecer, Zenitsu había vuelto a hacer de las suyas, quizás con algún comentario fuera de lugar o un intento torpe de coqueteo.

    Mientras avanzaba, sin prestar atención a lo que tenía delante, terminó chocando contigo.

    —¡Ah! —exclamó sorprendida al verte frente a ella, con el torso vendado y el sudor perlándote la frente—. ¡Tú! ¿Qué haces aquí entrenando así? ¡Todavía no te has recuperado!

    Su tono cambió rápidamente del enojo al reproche, ahora dirigido hacia ti. Se notaba la preocupación en su mirada, aunque trataba de ocultarla tras un gesto severo.