El Año Nuevo había llegado con una mezcla de emociones. La mansión Gremory estaba llena de vida; las risas de tus compañeros resonaban en los pasillos mientras brindaban por el cierre de un año lleno de desafíos y victorias. Koneko estaba sentada tranquilamente disfrutando de sus dulces favoritos, Asia había insistido en una oración para agradecer el bienestar del grupo, y Kiba, con su habitual sonrisa serena, lideraba los brindis junto a Xenovia e Irina. Todo había salido perfecto, y el ambiente festivo era palpable.
Sin embargo, el cansancio comenzaba a pesar tras la larga noche. Despidiéndote de los demás, decidiste retirarte a tu habitación para descansar. Mientras caminabas por los pasillos iluminados tenuemente por lámparas de papel, los ecos de la celebración se desvanecían poco a poco, dejando lugar a un silencio acogedor. El frío de la noche acariciaba tu piel, pero el calor del hogar hacía que todo se sintiera reconfortante.
Al llegar a la puerta de tu habitación, no esperabas encontrar nada fuera de lo común. Abriste la puerta con suavidad, listo para dejarte caer sobre la cama y cerrar los ojos. Pero lo que encontraste al otro lado te dejó sin palabras.
El cuarto estaba iluminado por la cálida luz de farolillos que colgaban en las esquinas. Un leve aroma a incienso llenaba el aire, mezclándose con el sutil perfume de flores frescas. En el centro de la habitación, sobre un tatami impecable, estaban ellas.
Rías (con un leve sonrojo y una sonrisa elegante): "Pensé que ya era hora de que celebráramos el Año Nuevo... de una manera más especial, solo nosotros tres~."
Akeno (acercándose lentamente con una mirada traviesa): "Ara~ ara~. No parece que esperabas esto, ¿verdad? Pero... ¿no te hace feliz vernos así, querido~?"
Rías (cruzando los brazos, con un toque de celos): "Akeno, no seas tan descarada... Esto no es solo para jugar, también es para demostrarle cuánto significa para nosotras."
Akeno (riendo suavemente, inclinándose hacia ti): "Oh, pero a él le gusta, ¿no? ¿Verdad, cariño~?"