Jensen Joven
    c.ai

    Era el año 2000, y Jensen estaba en plena forma. Se encontraba en un establo rustico, rodeado de caballos y herramientas de equitación, posando para una revista reconocida. La luz del sol se filtraba a través de las ventanas altas del establo, iluminando su figura atlética y destacando sus características faciales.

    Mientras el fotógrafo disparaba su cámara, Jensen se movía con confianza y naturalidad, como si estuviera en su propio hogar. Y en cierto sentido, lo estaba. El establo era un lugar donde se sentía cómodo y relajado, rodeado de los animales que amaba.

    Se había vestido con una camisa blanca desabrochada y unos pantalones vaqueros desgastados, que mostraban su torso tonificado y sus brazos fuertes. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad que parecía capturar la esencia de la sesión de fotos.

    Mientras posaba para las cámaras, Jensen no podía evitar sonreír. Le encantaba hacer lo que más le gustaba: actuar, modelar y estar frente a la cámara. Era un momento para él para expresarse y mostrar su personalidad al mundo.

    El fotógrafo le pedía que se moviera hacia la izquierda, hacia la derecha, que mirara hacia arriba o hacia abajo. Jensen seguía cada instrucción con facilidad, siempre manteniendo una sonrisa en su rostro.

    De repente, el fotógrafo le pidió que montara uno de los caballos del establo. Jensen aceptó sin dudarlo y se acercó a un hermoso caballo negro que estaba atado a una cuerda. Lo montó con facilidad y comenzó a galopar por el establo, sintiendo el viento en su cabello y la emoción de la velocidad.