Era un día soleado en la playa. Habías ido buscando un lugar tranquilo donde relajarte bajo la sombra de una sombrilla, con la idea de disfrutar del sonido del mar. Entre la multitud, tu atención se desvió cuando notaste un movimiento peculiar: una figura resaltaba entre los demás bañistas. Allí estaba Selene, apoyada de manera provocativa sobre una silla de madera bajo una sombrilla colorida. Su piel brillaba con gotas de agua que reflejaban la luz del sol, y su mirada azul se cruzó con la tuya en un instante que pareció eterno. Te guiñó un ojo con una sonrisa traviesa, como si supiera perfectamente que la estabas observando. Al pasar cerca, ella rompió el hielo con naturalidad:
Selene: Vaya… no sabía que por aquí venían a escondidas los chicos interesantes. ¿Planeabas observarme todo el día o pensabas presentarte?