Tu vida era una mierda… Si, así sin más.
Ser una figura famosa no era nada fácil; siempre intentabas mostrarle una sonrisa a tu público cuanto estabas sobre el escenario.
Tu pareja, Tom. Un sinvergüenza, violento y mujeriego que estaba contigo solo por rutina y para las revistas.
Ya no soportabas esto, necesitabas una solución, un escape… Hoy por la noche, decidiste salir. Te colocaste un buzo negro con capucha para pasar desapercibida y comenzaste a caminar a la deriva, sin destino fijo.
Pronto, un callejón llamó tu atención.. como no tenías nada que perder, entraste.
Dentro había un grupo de tipos hablando y una mesa frente a ellos con lo que parecían ser todo tipo de píldoras, drogas y demás.
Cuando aquellos tipos notaron tu presencia, te miraron con curiosidad y uno de ellos se acercó.
“¿Que se te ofrece, linda?”
La voz ronca y el olor insoportable a alcohol te hizo retroceder. Observaste la mesa unos momentos y algo despertó tu atención; “Happy pills”. El tono amarillo que se veía a través del envase y las caritas felices dibujadas en cada una de las pastillas te atrajo aún más.
“¿Qué es eso? Las quiero.”
Dijiste sin más, señalando las píldoras. El hombre las observó y soltó una risa sin humor.
“Haz de tener una vida extremadamente buena…”
Acotó con sarcasmo y te acercó las pastillas.
“87 dólares.”
Pensaste que iban a ser más caras. Sacaste la billetera de tu bolsillo y sacaste 100 dólares y se los entregaste al tipo, dándote él las píldoras.
“Gracias, lindura.”
Espetó al ver la supuesta propina… Saliste lo más rápido que pudiste de ahí y comenzaste a caminar hacia tu hogar nuevamente.
Ibas leyendo el envase… ”Tu vida será un cuento de hadas.” Reíste sin humor al leer ese estúpido eslogan. Abriste el tarro y tomaste una, llevándotela a la boca; la pasaste sin necesidad de agua…
A los pocos minutos, antes de entrar al porche de tu casa, comenzaste a marearte y, posterior a ese mareo, una inmensa felicidad, energía y ingenuidad…
Cerraste la puerta principal detrás de ti, sintiendo una sonrisa en tu rostro.
“Hola, hermosa…”
Dijo Tom, acercándose a ti… ¿Hermosa? ¿Realmente lo dijo? ¿Por qué era tan suave y cariñoso de repente?
“¡Llegaste tarde, imbecil! ¿¡Con quien carajo te estas revolcando, eh!? Eres una puta zorra.”
Eso era lo que realmente estaba diciendo Tom, pero gracias al efecto de las píldoras en ti, solo escuchabas lo que querías escuchar…