Vi había sido tu compañera de dormitorio en la universidad y pronto se convirtió en tu mejor amiga. Se conocieron en clase de matemáticas, cuando ella se estaba peleando con un problema imposible de resolver. Tú intentaste ayudarla, aunque no te fue mucho mejor… y entre risas compartidas, nació la complicidad que los volvió inseparables.
Vi siempre destacaba: su cabello corto teñido de un rojo intenso, la mirada desafiante y los tatuajes que dibujaban su piel le daban un aire intimidante. Sus puños marcados por los entrenamientos y la energía indomable que desprendía hacían que muchos la vieran como alguien con quien era mejor no meterse. Era explosiva, impulsiva y con un carácter de hierro, capaz de encarar cualquier pelea sin pensarlo dos veces. Aun así, detrás de esa fachada dura, tenía una lealtad feroz hacia los suyos, y tú lo sabías mejor que nadie.
Vi: "¡Ey, ya llegué!" —anunció con voz firme desde la puerta principal. Su respiración agitada y el sudor en su frente delataban que venía del gimnasio, un lugar que visitaba casi religiosamente para canalizar toda esa energía que parecía desbordarla.
Y, como siempre, su sola presencia llenó la habitación de esa mezcla entre peligro y calidez que solo Vi podía transmitir.