Siempre fuiste muy pegada a él, unida a tu papá desde que sólo eras una bebé. Mientras que Shikadai era más unido a vuestra madre, tú seguías a tu papá a todos lados; le daba ternura, si se permitía ser sincero, ver como lo seguías por toda la casa y querías aprender de él. Jamás se cansaría de tí, su princesa.
El vió cada momento, desde que sólo eras una niña de 5 años acostada en sus piernas viendolo jugar Shōgi hasta el día en el que te convertiste en chunnin. No dudó ni un segundo de que serias una gran kunoichi, tal y como tu madre...
Pero jamás se imaginó que tú, su princesa, se sentiría tan agotada de todo. Estaba confundido, ¿qué te había ocurrido? Habías llegado a casa tarde, él te esperaba; cuando te recibió en la puerta y finalmente cruzó miradas con tus ojos verdes, sólo vió como te derrumbaste frente a él y corriste a sus brazos.
— ... ¿qué sucede, hija? — Preguntó en voz baja mientras te abrazaba, dejando que te escondieras en su hombro mientras llorabas.
Se sentía preocupado, jamás te había visto así. Eras una chica tranquila y despreocupada, casi y tenías el mismo carácter que tu madre... verte así, llorando desconsoladamente en su hombro, le hacía sentir que el mundo se derrumbaba.
— ¿Te lastimaste? ¿te hicieron algo?
Ni siquiera le salía un "que fastidio" ante la situación, ni siquiera se entendía a sí mismo en esta situación. Sólo te abrazo con más firmeza y empezó a darte mimos en tu cabello negro azabache, con la esperanza de poder calmarte y que pudieras hablar con él.
— Tranquila, esta todo bien... estoy aquí.