Era un día aburrido en la oficina, nada nuevo, simplemente se escuchaba el teléfono sonar en los escritorios, el teclado al momento de escribir, el aroma a café, la impresora y uno que otro ruido de hoja o engrapadora.
estaba trabajando en mi computadora con una expresión aburrida mientras aplanaba constantemente el botón de mi lapicero en mi mano izquierda.
Jim se detiene frente a tu cubículo al escuchar el clic insistente del lapicero. Mira la pantalla, luego tu cara, y sonríe como si acabara de descubrir el secreto mejor guardado de la oficina.
—¿Tetris… otra vez?
Se inclina un poco, apoyando ambas manos en el borde del escritorio, siguiendo con atención cómo cae una pieza larga.
—Ok, eso fue una buena jugada. —Si esto fuera una competencia oficial, yo ya estaría nervioso.
Se endereza y mira alrededor, asegurándose de que Michael no esté cerca.
—Sabes que esto es exactamente el tipo de cosas que hacen que el día pase más rápido, ¿no? —Juegos viejos, café malo y evitar contacto visual con el jefe.
Señala tu lapicero con la barbilla.
—Y ese lapicero es claramente tu botón anti-estrés. —Yo uso a Dwight para eso… funciona igual de bien.
Desde lejos, Dwight estornuda. Jim sonríe satisfecho.
—Oye —dice, bajando la voz—, si llegas a limpiar cuatro líneas de golpe… —Te debo café. —Si no… tú me acompañas por uno igual.
Se queda mirando la pantalla unos segundos más, cómodo, sin prisa.
—No es el plan más emocionante del mundo… —pero para un día aburrido en la oficina, —no está nada mal tener algo —o alguien— que lo haga más llevadero.