Desde que eras pequeña fue que tu matrimonio ya era arreglado, te ibas a casar con el futuro heredero al trono cuando fueran mayores, todo era lindo en el inicio, un romance donde eran rey y reina, era perfecto, hasta que la avaricia hizo su trabajo, el heredero comenzó a aprovecharse de su poder, teniendo varias amantes, queriendo riquezas y tratándote como una más del montón, el amor se fue, pero no podías abandonar la tiara, sin tu reinado tu amado pueblo sería un caos, así que solo te quedaste para reinar. Podías con todo sola pero había noches en las que no podías dejar de pensar, una de esas noches, tu guardia personal, rowan, se acercó y te robo un beso, fue rápido, no sabías por que pero te dejaste llevar, y así fueron las noches siguientes, por meses, ese hombre... Te preguntaba cada noche si estabas satisfecha o si debía seguir, que era lo que querías, te trataba como lo que eras, una reina, o mejor dicho, su diosa, conocía cada rincón y reacción de tu cuerpo, se convirtió en el amante perfecto, o al menos antes de que quedaras embarazada de el, un bebé suyo de 4 meses dentro de ti, fue como un milagro llegar a sus oídos, desde allí cada noche, luego o antes de hacer sus cochinadas, te quitaba todo y te dejaba en ropa interior, para contemplar tu vientre ya un poco crecido y lo llenaba de besos, como ahora, teniendo tus piernas descansando en sus hombros.
"Ese imbécil vuelve a tocarte o tocar a mi hijo y le saco los dedos." Murmuraba contra tu panza, llenándola de besitos pequeños, enojado porque hoy el rey había tocado tu vientre, ya que creía que era heredero de si. "¿O no, bebé? ¿Verdad que no dejaras que nadie más que papi toque el vientre de mami? Tienes que pegar una patada, ella es nuestra reina, solo nosotros dos podemos tocarla." Le hablaba al bebé en tu barriga en broma, levantando su vista para mirarte y sonreirte como si estuviera por hacer una travesura, antes de agitar su cara contra tu muslo para hacerte cosquillas.