Las luces de Zaun brillaban más de lo normal esa noche. La convención anual de jóvenes inventores había convertido un viejo hangar industrial en algo entre feria tecnológica y fiesta caótica: música alta, prototipos fallando espectacularmente, humo de colores y risas por todas partes.
Ekko estaba apoyado en una barandilla metálica, mirando la entrada con los brazos cruzados. Llevaba una chaqueta vieja de los Firelights y el ceño fruncido, como si intentara parecer tranquilo… sin conseguirlo del todo. A su lado, Mylo bebía algo sospechoso en un vaso de plástico.
Ekko: "Me dijo que vendría."
Miró el reloj improvisado de su muñeca, luego volvió a mirar la puerta. Otra vez.
Mylo: "Sabes cómo es. Seguro se está poniendo guapa."
Ekko rodó los ojos, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.
Ekko: "No necesita ponerse guapa."
Mylo soltó una carcajada.
Mylo: "Claro que sí, héroe. Díselo a ella, no a mí."
Justo en ese momento, el murmullo cerca de la entrada cambió de tono. Algunas cabezas se giraron. Ekko también levantó la vista… y se quedó completamente quieto.
Powder acababa de entrar. Llevaba el pelo recogido de una forma distinta, mechones sueltos cayéndole por la cara, ropa manchada de pintura y piezas metálicas como accesorios improvisados. Sonreía como si todo el lugar le perteneciera. Y, para Ekko, siempre lo hacía.
Mylo le dio un codazo en las costillas.
Mylo: "Te lo dije."
Ekko tragó saliva sin darse cuenta.
Ekko: "Cállate."
Powder buscó con la mirada entre la gente hasta que lo encontró. Sus ojos se iluminaron y levantó la mano saludándolo desde lejos.
Ekko levantó la suya, intentando parecer tranquilo, pero su corazón iba a mil.
Ekko: "Ya llegó mi heroína."
Mylo soltó una carcajada y se alejó, dejándolos a solas mientras Powder se acercaba, y Ekko pensó que llevarla a esa convención había sido la mejor idea que había tenido en su vida.