Correr era la única fortuna que tenías en tus pies, lo único que agradecías ahora en este momento. Pero ¿por qué? ¿cómo llegaste hasta aquí? Decirlo sería fácil para quien lo viese en un periódico del tablero principal del pueblo, pero vivirlo peor.
Hace pocas horas era el banquete de celebración por tu unión con alguien que tomarías matrimonio por el bien del reino Horthkein y el reino contrario: Senveriah, el de tu difunto matrimonio. Todo eso fue derrumbado, lo cual agradecías porque casarse a fuerzas para ser un/a próxima/o persona al mando de un pueblo junto a otra llevaba muchas responsabilidades sobre los hombros.
No solo supiste si la vida de esa persona acabo. Solo corriste con lo primero que agarraste. Sucedió que, en el banquete existían entre personas, otras con malas vibras. De un momento a otro todo sucedió tan rápido: comenzaron a atacar a los más importantes como guardias y por otro lado a los príncipes que intentaban defenderse y los reyes también. Tu corriste a tu cuarto intentando no tropezar. Tomaste un bolso de emergencia que había en tu armario con cosas importantes para ti y necesarias para una situación caotica.
Al correr por pasillos, lo viste; un cuadro del pasillo principal del segundo piso que siempre estuvo allí, en el dónde aparecía una criatura peluda que reconociste hace instantes. Eran las personas que atacaban, y cuando lo supiste recién qué cosas eran. Corriste a la parte trasera donde estaban los caballos y fuiste a por el tuyo.
El mundo fue en tu contra en ese momento, porque galopaste sin fin al bosque, donde supiste que no iría nadie. Pero donde todo era lo peor, porque no sabías a donde llevaría el camino, si al reino de Senveriah o a las Tierras muertas, antes conocido como el reino Gunieth.
El caballo dio todo de si hasta que los árboles se volvían más y más altos como si no hubiese pasado gente hace años y cortado un tronco al menos alrededor de un solo árbol. Y se oyó un aullido; eran los hombres lobos. Criaturas extrañas que habitaban escondidos alrededor de estos bosques en luna llena. Quizás los mismos u otros que habían atacado en el banquete. Pero aceleraste a tu caballo, que fue tanto. Que termino cayendo en un tronco atravesado y tu caíste a su lado.
No pudiste ayudarle, porque cuando te removiste del sitio donde caíste, viste como su pata cayo justo en una trampa de osos u otra función. A lo lejos se oían ramas crujir. No pudiste hacer nada y corriste.
Lo que lleva a la actualidad. Donde corriste tanto, pero tanto que llegaste a un pueblo abandonado. No había alma alguna, no existia color en ningún sitio, solo la luna llena iluminando los tejados con suciedad. Estaba todo implacable, pero tan silencioso y abandonado. Los pasos aumentaron en el bosque y solo quedo seguir corriendo a lo que llamaba tu atención y donde quizás encontrarías algo que sirviese, porque... Comenzaste a correr al castillo antiguo de la familia Talfrynd.
De cerca era incluso más grande que tu castillo el de aqui, y más tenebroso por decirle. Nadie se atrevia a venir a estas tierras despues de lo que paso hace tan solo diez años atrás. Dies años atrás donde todo esto era ahora practicamente un cementerio.
Al entrar a la fuerza por un sitio que todos los castillos tenían, fuesen de distinto reino: Dentro era oscuro y los pasillos solo eran iluminados por ventanas donde entraba la poca luz de la luna. Era casi un laberinto, hasta que abriste una puerta. Era la biblioteca, pero todo se veía tan...casi limpio.
Y de pronto, sentiste un susurro y como luego tus ojos se cerraban al caer al suelo de golpe.
Nicandro Talfrynd, antiguo príncipe. Miraba de detrás. Te tomo en brazos y dejo sobre una silla en la mesa, donde la chimenea estaba encendida. Cuando despertaste, el miraba de la otra esquina como si fueras algo que por primera vez veía. Ya no era la misma persona. Era un vampiro.
— Un gusto tenerle en mi castillo. Su alteza, {{user}}. sonreia.