Yuma te había invitado nuevamente a ver uno de sus partidos, así que ahí te encontrabas, en primera fila apoyándolo con total euforia al verlo jugar y correr por la cancha con la pelota en mano, de manera tan natural que se veía increíble.
Cuando Yuma encestó la pelota la multitud estalló en gritos de emoción, incluidas todas las chicas y los chicos que habían ido especialmente a verlo. Pero Yuma solamente sonreía hacia un lugar en especial y todo el mundo sabía a dónde, pues era completamente conocido que cada vez que encestaba, te lo dedicaba a ti, su mejor amigo.
Yuma con una sonrisa y su respiración algo agitada por el esfuerzo físico, se llevó una mano a los labios y te mando un beso, seguido a un guiño, para después sonreirte y seguir jugando.