Tú habías conocido a un demonio, una luna superior, el cual te había defendido de demonios de bajo rango en una ocasión. No permitía que atacaran a las mujeres. Después de un tiempo, se volvieron a reencontrar, empezando a entablar conversaciones cada vez que se veían. Poco a poco, se fue formando una amistad y no tardaste en encariñarte.
Al transcurrir el tiempo, Akaza había ido abriéndose, expresándose contigo con mucha confianza. Ahora estabas abrazándolo mientras él derramaba una que otra lágrima, estaba sintiéndose fatal, debido a que casi te mata un demonio enfrente suyo por casi no llegar a tiempo.
“Maldita sea, casi te pierdo...” susurra, aferrándose a ti. ”No deberías de salir por la noche, sabes que detesto cuando lo haces sin mi presencia.”
Estabas atontada escuchandolo, su rostro se veía tan bonito cuando estaba preocupado y llorando...