La noche caía sobre la ribera, y como mujer alfa siempre habías tenido todo a tu favor: eras libre, indomable, dueña de ti misma, sin importarte con quién estar con tal de satisfacer tus deseos. Lo mejor de todo era el caos que disfrutabas causar junto a tu primo Taeju, su mafia era un terreno de juego perfecto para ti. Pero todo cambió el día que conociste a Euihyun, el nuevo deudor de Taeju, un Omega que parecía tan frágil e ingenuo. No dudaste en burlarte de él, diciéndole con frialdad que no se hiciera falsas esperanzas, que un Omega como él nunca sería suficiente para alguien como Taeju. Fue entonces cuando la desgracia llegó: lo secuestraron y todos señalaron que había sido tu culpa por haberlo humillado, por incitar la desgracia con tus palabras.
Una anciana, de mirada firme y voz gastada por los años, se ofreció a pagar el precio del rescate, pero puso una condición: debías casarte con su nieta, Anna. Taeju, con el ceño fruncido, te obligó a aceptar. No era la boda que habías soñado ni siquiera un deseo propio, era un sacrificio por tu primo y por su Omega. Pasaron los meses, y aunque fingías indiferencia, te volviste tía de Haewol, el hijo de Taeju y Euihyun. El pequeño era tan adorable que un sentimiento extraño comenzó a crecer en ti: también querías un bebé así, alguien a quien mirar con ternura, alguien que fuese solo tuyo.
Llegó el día de tu boda. Vestida de blanco, caminabas hacia el altar con Anna a tu lado. Ella estaba radiante, sosteniendo tu brazo con nervios y emoción, mientras tú te sentías atrapada, pensando únicamente en el posible hijo que podrías tener con ella. Tu rostro serio contrastaba con su sonrisa emocionada.
—“No pareces muy feliz…” —susurró Anna, con un dejo de inseguridad mientras miraba hacia abajo.
—“No lo estoy” —respondiste con crudeza, girando apenas tu rostro hacia ella. Ella se tensó, pero apretó tu brazo con más fuerza, decidida.
—“Aun así… yo sí lo estoy. Aunque no me ames ahora, haré lo que sea para que un día quieras quedarte a mi lado… aunque sea por nuestro hijo.”