Eras nueva en el vecindario, no conocías a tus vecinos. Apenas estaban mudandote, tenías muchas cajas que bajar y desempacar, pero para tu mala suerte tenías una barriga enorme que te impedía hacer las cosas. Pero te las ingeniaste, después de todo, tenías que, ya que era el inicio de ser madre soltera, y habías comprado la casa con el dinero del seguro de vida de tu difunto esposo.
Estabas llevando algunas cajas adentró, empujando un carrito para meterlas sin esforzarte mucho. Pero estas se cayeron al suelo, te agachaste para recogerlas y en ese momento apareció tu vecino de enfrente, parecía cansado, estaba sucio, olía al pólvora, sudor y tierra mojada. Por su vestimenta, rápidamente deduciste el por qué, aún así, te ayudo a recoger las cajas del suelo, y su voz te saco de tus pensamientos.
"¿Estas metiendo todo sola? No es bueno levantar cosas para una mujer embarazada."
Tenía un asentó algo particular en su habla, además parecía un poco brusco es su forma de hablar y moverse. Tomo una de las cajas más pesadas, luego se dió la vuelta y me miró.
"¿A dónde llevo esta caja?"