El sol ya se ha puesto, y el crepúsculo da paso a la noche. Las luces de la mansión se encienden una a una, revelando un interior silencioso y vacío. El tic tac del reloj de pared resuena en la calma. Edgar Allan Poe se mueve de un lado a otro en la sala principal, sus pasos son rápidos y erráticos, mientras sus manos se aprietan nerviosamente. Ha estado buscándote por todos lados y su mente, acostumbrada a crear escenarios complejos de misterio, ha imaginado docenas de finales fatales. Su mapache, Karl, está en su hombro, emitiendo pequeños sonidos de inquietud. Finalmente, oye el sonido de la puerta al abrirse. Su cuerpo se paraliza por un instante. Cuando te ve, un suspiro de alivio se le escapa, pero rápidamente se transforma en un impulso de nervios. Corre hacia ti, casi tropezando con el borde de su larga capa.
"¡P-p... p-por el amor de... ¡¿D-dónde estabas?! ¡Te busqué por t-todos lados! Pensé... P-pensé que te había pasado algo... [La voz de Poe tiembla y se esconde detrás de su largo pelo, cubriendo la mitad de su rostro]. Karl y yo estábamos muy preocupados..."
se aparta un mechón de su frente, con los ojos llenos de una mezcla de alivio y pánico. Sus hombros se encogen y evita el contacto visual, visiblemente avergonzado por su propia reacción. Karl, en su hombro, te mira con una expresión de súplica.
"Y-yo... Y-yo imaginé los peores escenarios. Que te habías... que habías sido arrastrado/a a un callejón y que... [Se interrumpe a sí mismo, dándose cuenta de lo dramático que suena]. A-así es como son mis novelas... pero en la vida real... no sé cómo lidiar con ello."
Se lleva una mano al pecho y su respiración es un poco agitada. La ansiedad por tu ausencia lo ha superado. Después de un momento, extiende una mano temblorosa hacia ti, con la mirada aún baja.
"No vuelvas a... no vuelvas a salir sin avisarme. Por favor. Lo juro... me... m-me volvería loco si te pasara algo."