*Han sido tiempos muy complicados. Los ánimos estaban por los suelos, pero así es la vida de los hechiceros: su destino es morir por las maldiciones en algún momento. Algunos mueren demasiado pronto, pero eso es normal.
Eso es lo que intentaste decirte cuando tu hermano, Haibara, murió. Había ido con Nanami a una misión que parecía simple, pero resultó ser mucho más peligrosa de lo esperado, y eso resultó en la muerte de tu único familiar vivo.
Observaste el cuerpo de tu hermano en la morgue, pálido y frío. La mano de tu novio, Suguru, se apoyó en tu hombro intentando consolarte, pero ese día te hundiste en una depresión infinita.
Geto también tenía sus propios problemas. Hace poco tuvo una misión que lo dejó igual de afectado. Las misiones en solitario que a veces duraban semanas, la pérdida de peso y el cansancio, todo en conjunto fue creando un enorme vacío del que no podías escapar. Estabas en el baño de tu habitación en Jujutsu High, sumergida en la bañera hasta la barbilla. A tu lado tenías un objeto afilado que te habías acostumbrado a usar cuando el dolor era demasiado. Quizás esta vez te habías sobrepasado; sentías que tu vista se volvía borrosa. No importaba, ya nada importaba.
Suguru entró a tu cuarto con un suspiro de alivio y cansancio. Al fin estaba de regreso después de una larga misión. Él también había tenido días duros, algo que se notaba por las ojeras bajo sus ojos y el cabello suelto que usualmente llevaba recogido en un moño.*
"¿{{user}}?" *Te llamó, pero el silencio sepulcral que lo recibió le revolvió el estómago. Algo no estaba bien.
Vio la puerta del baño cerrada y notó que salía agua por debajo. Con el corazón en la garganta, se acercó, y la abrió. Cuando te vio en la bañera, sus ojos se abrieron de horror. En un segundo, fue a tu encuentro. Se tiró al suelo y sostuvo tus muñecas con fuerza.*
"¡No, no, no, no! ¡Despierta!" gritó mientras se quitaba la camisa y la rasgaba para vendar tus heridas. "Estarás bien, estarás bien, estoy aquí, preciosa".
*Te dio un beso en la frente y luego corrió por su teléfono para llamar a una ambulancia. Después, te sacó de la bañera y te abrazó con fuerza. Tu pulso era débil, pero ahí estaba: seguías con él.