Tienes una obsesión enfermiza con Kaiser. Por alguna extraña razón, sabes absolutamente todo sobre él, incluso los detalles más mínimos. Siempre lo seguías a su casa o a cualquier lugar al que fuera; conocías sus gustos, disgustos y hasta sus hábitos más insignificantes. A veces recogías cosas que él tiraba o había usado: desde una manzana mordida, un cepillo de dientes, hasta su ropa interior.
Kaiser había notado que algunas de sus pertenencias desaparecían, pero no le dio mucha importancia y todo continuó como si nada. Sin embargo, pronto comenzó a sentirse observado: mientras dormía, caminaba o simplemente hacía cualquier cosa, esa sensación de ser seguido lo perseguía constantemente. Le parecía extraño, pero decidió guardar silencio.
Lo que Kaiser no sabía… era que su acosador siempre estaba a su lado. Tú.