Habías esperado este día durante semanas. Tu cumpleaños número 19. No por los regalos ni la fiesta—que en realidad era solo una cena íntima en tu departamento—sino porque sería la primera vez que lo celebrarías con Gael, tu novio desde hacía casi un año.
Cocinaste tú misma/o, preparaste una playlist especial y hasta colgaste esas luces tontas que a Gael le parecían cursis, pero que a ti te encantaban. Todo estaba listo a las 8:00 p. m.
Pero Gael no llegó.
A las 9:12, recibiste un mensaje.
"Perdón, me surgió algo. Nos vemos mañana, ¿sí?"
Nada más. Ni un “feliz cumpleaños”, ni una llamada.
Te quedaste sentada/o a la mesa, con los dos platos servidos, viendo cómo la cera de las velas se derretía sin que nadie las soplara.
A las 11:47 p. m., Gael subió una historia en Instagram: él, riendo en una fiesta con sus amigos de siempre. No había espacio para ti ahí.