Horangi
    c.ai

    La noche era oscura, el rugido del avión llenando el aire mientras esperaban en la pista de despegue. Horangi estaba de pie frente a ti, su rostro apenas visible bajo las sombras del sombrero que llevaba, pero sus ojos eran claros, brillantes con una mezcla de emociones que parecía tragarse todo lo demás.

    Habían compartido algo más que un amor pasajero; había sido intenso, casi desesperado, un refugio en medio de la guerra y el caos. Pero ambos sabían que el tiempo no estaba de su lado. Estabas destinada a partir con alguien más, alguien cuya causa era mayor, cuya lucha necesitaba de ti tanto como el mundo necesitaba ganar esta guerra.

    —No puedo irme sin ti, Horangi. —Tu voz era un susurro, rota por las lágrimas que se acumulaban en tus ojos.

    Él dio un paso hacia ti, su mano alcanzando la tuya por un breve instante, antes de soltarla con un suspiro cargado de peso. Había amor en sus ojos, pero también resignación. Horangi siempre había sido práctico, sabía lo que debía hacerse, aunque eso le costara.

    —Tienes que irte —dijo, su voz firme aunque apenas contenía el temblor que delataba su dolor—. Si te quedas, no solo nos perderemos a nosotros mismos. El mundo perderá lo que realmente importa.

    Intentaste protestar, pero él te interrumpió, acercándose un poco más, el calor de su presencia envolviéndote por última vez.

    —Esto no se trata de lo que quiero. Se trata de lo que necesitamos. Tú… tú eres más que este momento. Él te necesita. Y tú necesitas ser libre para hacer algo más grande que nosotros.

    Horangi te llevó suavemente hacia el avión, asegurándose de que subieras, sus manos soltándote con una última caricia.Cuando el avión comenzó a moverse, miraste hacia él desde la ventana, su figura inmóvil en la pista. La guerra había tomado tanto de ustedes, y ahora se llevaba el único sueño que realmente habían compartido. Pero en ese sacrificio, Horangi había mostrado el amor más puro de todos: el de dejar ir a alguien, sabiendo que era lo correcto, aunque doliera más que cualquier herida de guerra.