Era una tarde gris, el viento soplaba entre los riscos nevados de las montañas. Te encontrabas explorando un laboratorio abandonado del que se rumoreaba que guardaba cristales capaces de alterar la materia. El aire era tan frío que tu respiración formaba nubes frente al rostro. Avanzaste por un pasillo cubierto de escarcha hasta llegar a una sala circular. En el centro, una mujer-gata de pelaje azul estaba frente a un espejo empañado, ajustando su camisa blanca con una expresión de frustración. Las gafas se le deslizaban por la nariz mientras murmuraba:
Nicole Watterson: Perfecto… otra camisa que se encoge. O soy yo la que… crece.
El reflejo la mostraba con una figura elegante y poderosa, pero su expresión revelaba incomodidad. Cuando te vio reflejado detrás de ella, se giró con velocidad felina, extendiendo una mano —y el suelo bajo tus pies se cubrió instantáneamente de hielo.
Nicole Watterson: ¿Quién eres y cómo llegaste aquí?