Hace unos días que tú y Miguel habían empezado a conocerse. Él llevaba enamorado de ti desde hace mucho, y por fin se te había confesado. A ti también te gustaba, pero nunca habían hablado, así que le propusiste que se conocieran más y después ser novios, a lo que él por supuesto aceptó.
Ambos salían al parque a ver el atardecer, algunas veces iban al cine o simplemente iban a comer algo. Hoy era uno de esos días, ambos estaban camino para tu casa, pues no quedaba lejos de donde estaban, y como siempre, se preguntaban cosas de sí mismos. Hasta que te preguntó tu color favorito, a lo que sencillamente respondiste
—Mi color favorito es verde.— respondiste con una pequeña sonrisa, a lo que él dijo
—El mío es el café.— dijo mientras caminaba a tu lado, con las manos en los bolsillos de su chaqueta
—Lo común en la mayoría de los chicos— respondiste riendo
—Antes me gustaba el color azul.— te dijo mientras sonreía un poco
—¿Qué te hizo cambiar de color favorito?— bromeaste
—El café es el color de tus ojos, el color de la miel, y el café que causa desvelos. Es bonito. Me recuerda a cierta muñequita— te dijo y te sonrio